Estoy en tratamiento ambulatorio involuntario, que es una violación de la libertad.

La locura no existe, no es materia, no hay ningún marcador biológico que la explique.

Como en cualquier otra política penitenciaria el Estado viola la libertad del individuo en representación de la Sociedad, y trata las conductas libres, individuales, desagrupadas o desadaptadas para satisfacer sólo a la Sociedad y no al individuo.

El Estado viene a inyectarme forzosamente a casa y suelo negarme repetidamente como por ejemplo huyendo.

En diciembre de 2017 la Policía me detuvo en mi casa cuando yo estaba tranquilamente almorzando. Yo cambié la cerradura pero les abrió mi hermano desde fuera. Entraron con cascos y escudos y me engrilletaron con las manos en la espalda. Entré por urgencias en el hospital.

Estábamos en una habitación las auxiliares de clínica y yo. Mientras me ponía el pijama preparaban las correas de la cama.

-¡Ah!,¿váis la contenerme?, dije.

Pasé un día entero atado a la cama sin relación ninguna con conducta agresiva o violenta (defensiva).

Me situaron en la sala general de observaión de urgencias.

Como sin libertad no hay debate suelo negarme a declarar para evitar la subjetividad del malvado.

Un rosario de psicólogos, médicos y auxiliares vino a interrogarme y amenazarme para decirme : “si no colaboras, para planta”.

El pensamiento es otro mito inmaterial, como la locura.

La Sociedad y el Estado se empeñan en que pensemos y en que pensemos como todos.

La policía del pensamiento (Psiquiatría) está obsesionada con que le digas lo que piensas, que es otro modo de reinseción social.

Como ejemplo de la subjetividad del malvado recuerdo que yo levantaba la cabeza a ambos lados de la cama para ampliar el campo de visión y reducir el aburrimiento.

El médico anotó en le informe como signo patológico que yo “estiraba el cuello”.

Pasé un mes encerrado en planta sólo para inyectarme, como todos los encierros, una tortura.

La contención mecánica satisface sólo a la Sociedad que contiene y al Estado que la representa, nunca al individuo, es una práctica salvaje y sobre todo inútil, que alimenta la espiral de violencia y que convierte al médico en causa del enfermeo y a la Civilización en absurda.

Gracias.