Primero voy a explicar lo que es y luego cuento mi experiencia. Lo estoy improvisando porque no quiero dedicarle demasiado tiempo (no quiero recordarlo mucho, por mi salud mental), así que perdonad el desorden.

La contención mecánica es definida como “utilización de dispositivos físicos o mecánicos para restringir los movimientos del cuerpo y prevenir riesgos para el paciente o para otros”.
Dicho de forma simple: que te atan a la cama con correas para evitar que te muevas y hagas daño a alguien. Te ponen correas en muñecas, tobillos y vientre. Se suele hacer cuando la persona se pone violenta o agitada, cuando hay riesgo de que se escape o de que haga daño a alguien (a sí mismo o a otra persona), o como castigo por haberse fugado o haber atacado a alguien. Eso es la teoría, pero en realidad te atan cuando les da la gana.

Te atan les enfermeres y, se supone que lo antes posible, avisan a tu psiquiatra o al de guardia para que hable contigo y decida si mantenerte así. También se supone que alguien se tiene que pasar por tu habitación para vigilarte cada 15-30 minutos, pero no suelen hacerlo.

Como consecuencias de la contención, la persona puede tener ansiedad, entumecimiento, dolor de tobillos y muñecas, pesadillas…


MI PRIMERA CONTENCIÓN MECÁNICA

Yo llegué al hospital por traslado desde otro hospital. Recalco que llegaba tranquila. No estaba agitada ni me estaba resistiendo al ingreso.

Hablé con el psiquiatra de guardia y me pusieron una especie de camisa que me mantenía los brazos pegados al cuerpo. Me llevaron a mi habitación, me dijeron que me tumbara en la cama y me empezaron a poner las correas. Yo estaba ya asustadísima. Fui pensando que no me harían nada si iba tranquila y colaboraba, pero ahora me estaban atando a una cama y no entendía nada. Para calmarme, me dijeron que ese era el protocolo para los ingresos. Vamos, que según llegas te atan a la cama para meterte miedo.


Me dijeron que estuviera tranquila, que pasarían cada poco tiempo para ver qué tal estaba y que a la hora de la cena me soltarían si me portaba bien. Pues llegué sobre las cinco, la cena es a las ocho y sólo pasaron una vez. Me dejaron sola en la habitación y atada a la cama. Yo no entendía nada y tuve ataques de ansiedad porque no podía moverme y eso me agobiaba mucho. Además, estaba muy incómoda y me empezaba a doler la espalda.

Cuando fueron a mirar qué tal estaba, yo estaba en medio de un ataque de ansiedad. Me quisieron dar una pastilla pero me negué a tomármela porque no me fiaba y no me decían lo que era. Total, que me pusieron una inyección con algo que supongo que sería un tranquilizante. Creo que me dormí y a partir de ahí recuerdo poco.

Me desperté agotada, no sé cuánto tiempo después. No recordaba que estaba atada, así que intenté levantarme. Al ver que no podía, me agobié muchísimo e intenté soltarme hasta hacerme marcas. Me dolía todo el cuerpo. Casi no podía ni respirar de la ansiedad que tenía y empecé a pensar que me iba a morir allí. Entre que estaba atada, que no recordaba cosas y que me habían pinchado algo raro y que no iba nadie, empecé a pensar que me habían secuestrado.
Parece una barbaridad, pero yo qué sé, lo pensé.
No sé cuánto tiempo pasé así hasta que vino una enfermera y me dijo que sólo me soltaría si me portaba bien. Y que me volvería a atar si me portaba mal. Yo juro que no entendía nada, yo pensaba que me había portado bien. No entendía por qué me habían atado, aunque me dijeran que era el protocolo, porque a mí me parecía un castigo.

Total, que me soltaron y no me salía levantarme. No podía, me dolía todo el cuerpo, los tobillos, muñecas, riñones… Me levanté temblando cuando lo conseguí y me llevaron a una sala con otros pacientes.  Esa misma noche, me ataron para dormir y tuve que dormir atada, porque supuestamente era el protocolo.


Ya que estoy, voy a contar las otras dos contenciones que he tenido.

Un día un paciente rompió una ventana del hospital que daba al patio y se fugó delante de todos. Yo lo vi y me quedé super atacada. Además, no quería estar ingresada porque llevaba casi un mes y los días anteriores había estado pidiendo el alta voluntaria, pero no me habían hecho caso. Así que en la sesión diaria con mi psiquiatra le exigí el alta de mala manera (lo que viene a ser llorando y gritando). No estoy orgullosa de ello, pero llevaba un mes ahí y no aguantaba más (aunque después me pasé otro mes). Así que salí de la consulta más atacada aún de como había entrado y me puse a llorar en un rincón.

Vinieron les enfermeres y mi psiquiatra a decirme que me calmara y yo les mandé a la mierda y les dije que se iba a calmar su madre (tampoco estoy orgullosa de eso). Me ofrecieron tomarme una pastilla para calmarme pero yo me negué. Y como seguía llorando, me cogieron entre cuatro (creo), me llevaron a la cama y me ataron y me pusieron un inyectable. Recalco que mido 1.50 y peso menos de 50 kg. Soy pequeñita. No hacían falta cuatro personas. Con dos habría sido más que suficiente.

Me despertaron a la hora de la visita y me soltaron con la condición de que dejase de pedir el alta.

La siguiente vez fue por la tarde. Nos reunimos todes para leer y comentar la prensa. Me dieron a mí un periódico para que mirara si había alguna noticia interesante y comentarla. Entonces yo vi una noticia que decía que un cantante que me gustaba mucho se había suicidado. Se me escapó un “no puede ser” en alto y me puse medio a llorar. Mejor no comento lo que pensé en ese momento, porque no es plan.

El caso es que la terapeuta ocupacional me escuchó y fue a mirar la noticia. Al verla, me quitó el periódico diciéndome que yo no podía leer esas cosas. Así que yo, como necesitaba leer la noticia, fui a quitarle el periódico y me “peleé” (forcejear, vaya) con ella. Yo sólo quería leer la noticia. Total, que llamó a les enfermeres, me llevaron a mi habitación y me ataron. Esta vez acepté tomarme la pastilla porque no quería que me inyectaran nada. Me soltaron a la hora de la visita, pasé poco tiempo atada.


Aquí quiero decir que, tanto en esta contención como en la anterior, sé que mi comportamiento podría haber sido mejor y haber evitado que me ataran, pero aún así me parece una medida desproporcionada porque yo no estaba haciendo daño a nadie.

Desde ese ingreso, he tenido algunas secuelas (por llamarlo de alguna manera) derivadas de las contenciones.

Me agobian las cuerdas, las correas, los cinturones, etc.


Me agobia que me agarren las muñecas o que me cojan de las manos bruscamente.


No puedo dormir boca arriba (porque atada se está boca arriba).


Si estoy a oscuras y veo una luz verde de notificación del móvil me asusto y creo que estoy en el hospital (porque había una luz verde que parpadeaba en la habitación).


Tengo pesadillas en las que me despierto gritando, agitandome fuerte, intentando soltarme, con dolor de muñecas y tobillos, sin poder moverlos…


Es más común de lo que parece. Es una vergüenza el trato que recibimos en psiquiatría.

 

[Este texto sobre su experiencia en psiquiatría lo ha compartido Nora en Twitter y lo difundimos aquí habiéndole pedido permiso y contando con su autorización]